Este reportaje es parte del especial periodístico de Mongabay Latam sobre soluciones climáticas
CUATRO DATOS CLAVE
- En Ecuador, más de 15 000 agricultores usan los boletines climáticos didácticos para planificar sus siembras y sus cosechas.
- Entre 2022 y 2025, el Inamhi pasó de emitir 51 advertencias climáticas a 70, confirmando que los cambios en el clima van en aumento.
- La información climática permite prevenir y gestionar el riesgo de desastres y tomar mejores decisiones en agricultura para garantizar la seguridad alimentaria.
- Nuna, un chatbot, ha abierto las opciones de compartir con agricultores de Imbabura información climática más allá de las predicciones meteorológicas.

Por: Gabriela Verdezoto Landívar
El domingo, Evita Tupiza, la señora que tiene las vacas, la que hace el queso y lo vende el domingo en el mercado de San Blas, en Imbabura, le dijo a Gladys Flores que el boletín meteorológico que recibe por WhatsApp la está ayudando a decidir si ordeña o no en las madrugadas. Este no es un asunto trivial para Tupiza: hacerlo bajo el sol fuerte, daña la leche y después no puede producir quesos. Saber con tiempo si va a llover o si habrá altas temperaturas, también le ayuda a prever lugares de sombra para dejar sus vacas en las mañanas.
Hasta hace diez años, quizá cinco, a Evita Tupiza le hubiese bastado con mirar a la luna. En San Blas, una parroquia rural de alrededor de 5 000 personas, los agricultores se manejaban a través de “cabañuelas”, cálculos ancestrales en que, observando las variaciones atmosféricas de los primeros días del mes de enero, podían pronosticar el tiempo de los próximos doce meses. Los que sabían leer, acudirían al almanaque Bristol, ese famoso folleto naranja con el doctor Cyrenius Charles Bristol en la portada llevando un traje de hace casi dos siglos. Esta revista que se imprime ininterrumpidamente desde 1832, trae predicciones astronómicas, astrológicas, el calendario lunar y consejos para la siembra.
Sin embargo, ahora ni las cabañuelas, ni el almanaque, ni la luna aciertan en sus predicciones del clima, según manifiestan con desconcierto los agricultores de San Blas.

Como Gaby Flores y Evita Tupiza, alrededor de 15 000 agricultores en Ecuador ―según un informe del Programa Mundial de Alimentos― han mejorado, potenciado o salvado sus cosechas, su tierra y sus animales, gracias a los boletines meteorológicos que líderes comunitarios, servidores públicos de las prefecturas y comuneros capacitados, comparten en los grupos de WhatsApp.
Como una especie de guardianes del clima, estas personas masifican informes que, de manera digerible, explican los datos que el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología del Ecuador (Inamhi) produce en tiempo real. Esto es un asunto vital para los ecuatorianos ya que en los últimos cinco años los eventos climáticos extremos han ido en aumento. Entre 2022 y 2025, el Inamhi pasó de emitir 51 advertencias climáticas a 70.
Información y buenas decisiones
La frontera de Ecuador y Colombia fue el punto de partida de un proyecto ambicioso de adaptación climática incentivado por el Programa Mundial de Alimentos (WFP por sus siglas en inglés) en coordinación con gobiernos locales y otras instituciones públicas. Inició en 2018 con el objetivo de fortalecer las capacidades adaptativas alrededor de las dos cuencas hidrográficas que cruzan y unen los dos países, la Mira-Mataje y la Guáitara-Carchi.
Estas zonas incluyen dos departamentos colombianos y cuatro provincias ecuatorianas con población mayoritariamente indígena y afrodescendiente asentadas en cinco ecosistemas frágiles: manglares, bosques secos, bosques tropicales húmedos, bosques nublados y matorrales; que ya venían sufriendo las variabilidades climáticas del calentamiento global.
Durante seis años se realizaron decenas de colaboraciones estratégicas. Formación a líderes comunitarios, especialmente mujeres, en procesos participativos de 97 comunidades afrodescendientes y 76 comunidades indígenas Awá. Se instalaron 30 equipos meteorológicos, se coordinaron encuentros binacionales se realizaron rescates de saberes ancestrales, se documentaron más de 350 especies de plantas nativas o tradicionales con atributos nutricionales y nueve boletines climáticos comenzaron a circular entre las 24 000 personas que participaron en las capacitaciones sobre cambio climático. Pasaron una pandemia, el aumento de la violencia en Ecuador, la presencia de grupos armados en la frontera con Colombia y, sin embargo, desde 2024 se comenzaron a ver los frutos que parten de un empoderamiento social de los datos científicos.
“Si tú no tienes información, no vas a poder tomar buenas decisiones, vas a estar corriendo en círculos porque no sabes a qué te estás enfrentando, a qué amenaza y en qué nivel de exposición estás”, dice Diego Guzmán, oficial de cambio climático y sistemas agroalimentarios de WPF. La idea aplica a varios aspectos de la vida, pero Guzmán se refiere a los factores climáticos que perturban, en mayor medida, a comunidades no preparadas para asumir los nuevos escenarios ecológicos.
Esto lo corroboran dos técnicos sentados en una oficina austera de muros cremas del segundo piso del edificio de la prefectura de Imbabura.
Edison Marcial y Vinicio Fuentes asistieron a varias de las capacitaciones de sistemas de manejo de datos meteorológicos que dictaron especialistas del Inamhi. Les explicaron lo más complicado y teórico de los procesos científicos de la meteorología: qué satélites se usan, cómo hacen las agencias nacionales los pronósticos del tiempo, qué son los modelos matemáticos de predicción, las plataformas digitales en las que se procesan los datos, los mapas de color y el monitoreo en tiempo real en el Visor Hidrometeorológico Nacional.
“Es de acceso público toda la información”, dice Edison Marcial, mientras muestra una imagen en su teléfono celular: un mapa de la provincia de Imbabura con unos aros de colores, en la gama del verde al rojo. “El Inamhi te manda así, la imagen en bruto”.

El WPF hizo que personal del propio Inamhi capacitara a dos funcionarios de cada provincia en Ecuador y departamento en Colombia. El objetivo era que los técnicos locales entendieran los modelos de predicción oficiales y los tradujeran de tal manera que cualquier persona los pudiera interpretar. Fue así que la primera parte del proyecto de creación de boletines climáticos, en 2024, dio como resultado nueve boletines (entre semanales y diarios) que llegaron a compartirse entre 15 000 agricultores de los dos países.
Los primeros boletines salvaron las cosechas
En 2024, Ecuador rompió los récord de temperaturas altas con sequías extremas: más de 80 000 hectáreas quemadas y una grave crisis energética, según datos de la Secretaría Nacional de Riesgos. Ese mismo año, los boletines meteorológicos didácticos comenzaron a circular cada tres días, en las provincias de Carchi, Imbabura, Esmeraldas y Sucumbíos. Se trataba de una imagen con el mapa de la provincia y la intensidad de las lluvias. Una leyenda de seis colores que variaba desde el rojo (que significa lluvias intensas) y el verde en el medio (señal de lluvia moderada), hasta llegar al blanco que indica ausencia total de lluvia. A un costado se mostraban las temperaturas máximas y mínimas.
Esto evitó pérdidas en la zona del Valle del Chota y en la zona de Urcuquí, en la Provincia de Imbabura, donde está el terreno familiar de Gladys Flores, hija, nieta y bisnieta de campesinos.


“Cuando era pequeña, mi bisabuela me contaba que sus padres también fueron agricultores en este mismo terreno”, dice Flores mientras recorre sus sembríos, mostrándolos con orgullo. Es la quinta generación que trabaja esa tierra.
En su casa de ladrillos, madera y techo de Eternit, ella y su esposo, César Vinueza, comparten una limonada y sus experiencias en el campo. Cuentan que el agua que riega sus productos es muy limpia porque viene cinco kilómetros arriba del río Warmiyaku, dónde está la captación.
“Esa piscina de captación y la acequia [canal artificial a cielo abierto] es de antes de la venida de los españoles. Es muy antigua”, comenta Flores.“Mi papá sabía con exactitud cuándo venía el verano y la época seca. Ahora llueve cuando no es de llover. Encima, el caudal del río ha bajado bastante. Antes no podíamos controlar la fuerza del agua cuando nos tocaba el turno del riego. Ahora baja poquito. Toca estar yendo a ver qué pasa en la captación y que todo esté bien”.
Con menos agua de riego y más sequía, Flores, su esposo y todo el pueblo de San Blas están “cosechando agua”, es decir, llenan unos tanques enormes de plástico que recuperan el agua cuando llueve.
“En 2024 vino fuerte la sequía. Nos tocó hacer turnos con las demás compañeras. Cada 15 días recibimos el agua de la acequia para regar nuestros terrenos. Justo en ese tiempo llegaron los boletines y, viendo en las fotos que iba a estar seca la época que normalmente era de lluvia, atrasamos el cultivo del fréjol. Gracias a esas cartillas no perdimos tanto de nuestro trabajo”, recuerda Gladys Flores.

César Vinueza, el esposo de Gladys, cuenta que la casa en la que viven fue construida para un lugar frío, cerca a los páramos que es donde se asienta San Blas. Sin embargo, el calor actual es tan fuerte que el techo que tenía que guardar el calor, ahora lo acumula de tal manera que tienen que hacer ciertos cambios. “Estoy preocupado, nunca me imaginé que el Eternit fuera tan caliente. A la una de la tarde es insoportable, por eso voy a arreglar esas dos ventanas para que entre el aire directo, como casa de la costa”.
Todos ríen.
Flores y Vinueza se juntaron con otras mujeres agricultoras para crear la asociación agropecuaria “Frutos de mi Tierra”. Casi llegan a los 10 años llevando sus productos a la feria del pueblo los domingos y los miércoles en la Universidad Yachay.

“Nuestro principal orgullo es que hemos eliminado a los intermediarios, de aquí salen los productos directo a los compradores”, dice Vinueza.
Gladys Flores administra el grupo de WhatsApp de la asociación y es la encargada de compartir, cada tres días, el boletín climático que la prefectura de Imbabura le envía a ella.
Desde que se dieron cuenta que con esa información pudieron evitar una siembra de fréjol que se perdería por la sequía inesperada de 2024, las mujeres de Frutos de mi Tierra son acérrimas usuarias del boletín que, en dos años, tuvo una cadena de innovaciones que superó las expectativas de los propios organismos estatales y de cooperación internacional que iniciaron el proyecto en 2018.
Flores cuenta que gracias a los videos que reciben con los pronósticos y las alertas climáticas, las mujeres campesinas que no saben leer y escribir ya no tienen que mostrar la infografía colorida a sus hijos o nietos para que confirmen lo que ellas ven en colores, sino que con el audio ya “entienden todito”. Y que esa información, como le dijo Evita Tupiza, le ha permitido planificar el ordeño de sus vacas para la producción de los quesos.
El aficionado al arte que prepara a los agricultores
Vinicio Fuentes es agrónomo y tiene un máster en sistemas de información geográfica, pero habla como productor de televisión o creador de contenidos.
Sentado frente a su computadora, busca emocionado los primeros videos que creó a partir de los pronósticos oficiales del Inamhi. Fuentes no se conformó con mandar el boletín de colores y fue más allá. Primero, le puso voz y animó la imagen. De inmediato se dio cuenta que los agricultores comenzaron a estar pendientes de la información.
“Lo que siempre estoy pensando es: ¿cómo hago digeribles todos estos datos? Por suerte han tenido la paciencia de permitirme la prueba y el error”, cuenta Fuentes con una sonrisa disimulada que muestra cómo disfruta de su trabajo.
Uno de los problemas más frecuentes que enfrentó en sus procesos de comunicación era que la persona que hacía las locuciones no estaba siempre disponible para cuando el boletín climático comenzó a ser un ritual. Entonces Fuentes probó con una voz de inteligencia artificial. Esto fue un éxito porque le permitió hacer más eficiente la producción de los boletines cada tres días. Con el tiempo, y con las pruebas, también se dio cuenta que los videos debían ser más cortos para que no fueran “tan pesados” y los usuarios pudieran abrirlos desde sus teléfonos.
“Lo que la gente necesita saber es si va a llover o no”, dice con la seguridad de la experiencia, Edison Marcial, quien fue parte del Programa Mundial de Alimentos antes de trabajar en la prefectura de Imbabura. Asegura ser testigo de cómo el interés de Vinicio Fuentes y sus ganas de mejorar los boletines hicieron que Imbabura fuera pionera de iniciativas mucho más ambiciosas como “Nuna”, el chatbot, o la Granja Digital, una plataforma con datos públicos y accesibles con los cuales los productores de Imbabura pueden consultar información sobre sus predios, la fertilidad de sus suelos y buenas prácticas agrícolas.
“Vimos que WhatsApp es uno de los medios masivos de comunicación entre las comunidades agrícolas”, comenta Fuentes mientras conecta su computadora a una pantalla gigante en la oficina de uno de sus jefes para mostrar cómo funciona el chatbot que creó.
Con un grupo de creativos dieron vida a un personaje que suma todas las características culturales de los diferentes pueblos de Imbabura. Se llama Nuna y significa “alma” o “energía vital” en kichwa. Tiene la máscara tradicional de diablo huma pero con plumas de los colibríes que existen en los diferentes cantones de la provincia.

“La idea fue tener un chat en el que puedes hacer consultas continuamente y ya no ser un usuario pasivo que recibe los boletines”, dice Fuentes con orgullo.
En la pantalla se abre la conversación. ¡Hola, soy Nuna, tu asistente virtual de la Prefectura de Imbabura, gracias por tu mensaje! Nuna abre una serie de opciones: Geoparque Imbabura, Clima, Ferias Productoras, Rutas Turísticas, Novedades, Smartfarm y Servicios Mecánicos.
“Aprovechamos que tenemos toda esta lógica de comunicación a partir del boletín climático, que fue el inicio de esto, para potenciar y difundir toda la información que tenemos como Prefectura”, explica Fuentes.
Al dar click a la opción “Clima”, Nuna comparte el video del boletín agroclimático de Imbabura, las advertencias meteorológicas nacionales del Inamhi (información adicional sobre eventos intensos de lluvias o sequías) y el calendario lunar, como una forma de incluir y respetar la diversidad cultural.
Desde el 1 de enero al 31 de mayo de 2026, el Inamhi había registrado 2026 eventos adversos como inundaciones, deslizamientos y aluviones.
El aprendizaje se aprovecha y se comparte en cadena
Esta nueva forma de entregar información climática está llegando a todo el país. El 4 de junio de 2026, PWF, Inamhi, Ministerio de Ambiente y Energía y representantes de las prefecturas de Imbabura y Manabí ―provincia ecuatoriana costera que sufre inundaciones continuas― se reunieron en la Capilla del Hombre, en Quito. Era el lanzamiento oficial de los boletines nacionales del Inamhi. “De la información climática a la acción territorial” se llamó el evento.
Vinicio Fuentes, muy tímido, parado al fondo de la sala con los brazos echados para atrás, escuchaba las intervenciones de las autoridades, de los científicos y el testimonio de Juan De Mera Centeno, agricultor de la asociación Raíces Manabas que produce principalmente arroz, verduras, hortalizas y frutas en Manabí. “Al tener acceso a esta información optimizamos tiempo y recursos. Por ejemplo, para el trasplante de una semilla, si sabemos que va a llover, ponemos en pausa el trabajo porque inundado el suelo, todo se pierde”, dice el campesino de la costa ecuatoriana.

Manabí es la segunda provincia que hace los boletines meteorológicos con video para alrededor de 9 000 agricultores.
“No fue fácil motivar a la prefectura de Manabí para que haga los boletines metereológicos”, confiesa Diego Guzmán de PWF. “Allá no creen, o no creían―Guzmán suelta una risa― en la cooperación internacional”.
Fue entonces cuando invitaron a Vinicio Fuentes a la Prefectura de la provincia costera. Él contó su experiencia a Jairo Moreira, su par, el encargado de compartir la información que recibe del Inamhi a las diferentes organizaciones de agricultores de Manabí.
“El PWF nos dio el equipamiento, un ordenador con un programa de edición de video. El Inamhi nos capacitó para interpretar los datos y los mapas que nos envían. El ingeniero Vinicio nos enseñó cómo ellos hacen los videos con palabras más sencillas. Así iniciamos la producción de los boletines aquí”, confirma Moreira.
Y pasó algo que no esperaba: los usuarios de Manabí tampoco se pierden un solo boletín. Al igual que en Imbabura, el video corto y didáctico ha hecho que sus agricultores usen esta información como parte de su trabajo. A partir de los boletines toman decisiones sobre sus tierras y sus productos.
Por ejemplo, si ven que va a llover, los productores de cacao no sacan a secar sus semillas. También les ayuda a planificar la época de siembra y de cosecha de productos de ciclo corto.
“Esto lo implementamos en diciembre de 2024 y el testimonio de los agricultores es que, con esta información hacen mucho mejor su trabajo porque pueden adaptarse a las variaciones climáticas”, dice Moreira y agrega que cuando se demoran y no envían el boletín a tiempo, los campesinos usuarios los llaman, los presionan y les preguntan qué pasó con el boletín. “Ha tenido muy buena aceptación. Ahora nos lo piden asociaciones que están fuera de los grupos de la Prefectura. También estudiantes de universidades y otras federaciones de campesinos”.
Ese 4 de junio en La Capilla del Hombre, uno de los complejos arquitectónicos y culturales más importantes de Quito, Matteo Perrone, representante de PWF para Ecuador, dijo a una sala llena que uno de los principales logros del proyecto de adaptación al cambio climático en Ecuador fue la descentralización del conocimiento.
Luego, pasaron un video hecho por los técnicos del Inhami. Tomando la idea de la prefectura de Imbabura, ahora los boletines nacionales también se harán en video con una voz en IA que cuenta lo que significan los colores en el mapa de calor.
Pocos entre la gente del evento saben que el hombre que está de pie al otro lado del escenario, con las manos echadas para atrás, que le gusta tocar guitarra, piano y editar los boletines climáticos en CapCut, es Vinicio Fuentes, quien, con su motivación, logró que se replique la forma de informar y dar herramientas a los agricultores que él inició hace algún tiempo desde Imbabura.